Más de cien personas abarrotaron la iglesia de Nuestra Señora Virgen de la Encina
Rotundo éxito. Así puede calificarse el resultado de la interpretación de la obra de teatro ‘Buscando a Nebrija’, a cargo de la compañía de teatro Lazarillo de Tormes, con la obra escrita y dirigida por Denis Rafter. Buena muestra de ello fue la atronadora y eterna ovación que dedicaron las más de cien personas que abarrotaron la iglesia de Nuestra Señora Virgen de la Encina en las urbanizaciones de Galindo y Perahuy. Una iniciativa dentro del programa cultural del Ayuntamiento de Galindo y Perahuy, junto con la colaboración del Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, a quien desde el Consistorio agradecemos la ayuda para poder celebrar esta representación.
La obra descubrió los valores y capacidades de Nebrija, humanista y gramático que dejó un legado cultural impresionante, sobre todo gracias a su Gramática castellana (1492).
En esta cautivadora propuesta teatral, el espectador es testigo de un prodigio escénico que condensa, en apenas una hora, la vastedad de una vida dedicada al saber. A través de un guión impecablemente elaborado por Denis Rafter, nos adentramos en la compleja y fascinante biografía de una figura de gran calado intelectual, cuyas ideas y principios desafiaron las normas de su tiempo. El milagro no reside únicamente en las múltiples representaciones de esta obra, sino en la capacidad del texto para presentar, con claridad y profundidad, la esencia de un pensador que dejó una huella imborrable en su época.
El visionario productor Javier de Prado ha decidido sabiamente situar la acción en el singular marco de iglesias, espacios cargados de historia y espiritualidad, que enriquecen la experiencia del público. Estas edificaciones no solo aportan un contexto reverente, sino que vibran con la energía acumulada de los innumerables momentos vividos en su interior, generando una atmósfera casi mística que se fusiona perfectamente con la temática de la obra.
Un aspecto a destacar es la presencia musical de Juan del Encina, discípulo aventajado del protagonista, cuyas composiciones no solo acompañan, sino que estructuran la narrativa escénica. La música, interpretada con delicadeza y maestría, guía al espectador por las distintas etapas de la representación, entrelazando las escenas y creando un puente sensorial entre el pasado y el presente. La participación activa del público, cuando así se permite, añade una dimensión adicional de emoción e intriga, elevando esta obra a una experiencia compartida que trasciende lo meramente escénico.
En resumen, esta puesta en escena es una obra maestra que no solo ofrece una visión íntima y reveladora del legado de un humanista fundamental, sino que también subraya la importancia de la música, los espacios y la interacción humana en la creación de una experiencia teatral verdaderamente trascendental.
Ayuntamiento de Galindo y Perahuy
Fotografías: Grupo Lazarillo de Tormes


















